Sátiva o Indica

Sátiva o Indica -Guía de cultivo del Marihuana-

 

 
armario mariguanaTodas las plantas de Cannabis pueden cruzarse libremente, resultando híbridos completamente fértiles. Como resumen y de forma general, actualmente se suele hablar de una especie, Cannabis sativa, con tres subespecies: sativa, indica y ruderalis. La distinción de las subespecies de Cannabis sativa se basa en la anatomía de la planta, hábito de crecimiento, variación de hojas y tipo de semillas.

Listas Strain Base Versión Inglesa con todas las variedades de plantas de cannabis

Una clave para distinguirlas podría ser la siguiente:

SATIVAS

Plantas altas poco ramificadas. Las semillas son finas, de color uniforme, usualmente les falta la fina capa exterior del perianton (conjunto de las hojas florales que forman la envoltura de la flor), que le da su característico aspecto marmóreo. Las semillas no tienen una articulación definida, están firmemente unidas al tallo. Hablamos de la Cannabis sativa sativa.

El sistema radical es muy profundo y muy poco expansivo, las raíces son poco competitivas en comparación con las plantas indicas y son algo mas difíciles de cultivar que las indicas.

semillas sativas

floración mariguanaLa floración se suele alargar a Septiembre debido al alto numero de horas de oscuridad que necesitan para completar el florigen ( hormona que incita a la planta a florecer) los cogollos suelen ser pequeños y muy separados, la producción es menor que la de una indica y el tiempo de maduración es mucho mas largo, llegando en países como España a no terminar de madurar por los fríos, son plantas adaptadas a las regiones ecuatoriales del globo.

El colocón suele ser muy cerebral y eufórico, puedes barrer toda la Gran Vía madrileña y no parar de reírte, para estar con los colegas es el tipo de planta mas indicada, risas aseguradas y mucho buen royo.

INDICAS

 

Planta normalmente pequeña (usualmente de 1.5 m), bastante ramificada,semillas indicas muy braqueada, más o menos cónica . La base de la semilla tiene una simple articulación y poseen una fina capa moteada en el exterior, caen en la madurez. Es la especie Cannabis sativa indica.

El sistema radical es mucho mas competitivo que el de las sátivas, y necesitan gran cantidad de espacio en el macetero en menos tiempo que las sativas.

semillas indica

La floración suele ser muy rápida, en híbridos como NL #5 puede ser de tan solo 6 semanas, los cogollos se caracterizan por ser muy compactos y muy resinosos (son plantas aptas para fabricar hash). Pueden dar hasta 500 gramos secados y manicurados.


El globo que producen suele ser de introspección, dan sueño , rapidez demarihuana cultivo pensamiento (muy aptas para la inspiración, para escritores, dibujantes….) bienestar absoluto… en definitiva te dejan apalancao en el sofá. El globo es muy parecido al del hash marroquí pero mucho más potenciado ( hablamos del hash que llega a España, que suele ser de muy mal corte y una calidad muy insuficiente). Son plantas más indicadas para cuando estas solo.

RUDELARIS

Planta ramificada y pequeña (de 0.5 a1 m aproximadamente) no muy branqueada, más o menos cónica, con una protuberancia carnosa en la base de la semilla y poseedora también de una fina capa moteada en su periantón. Si estas condiciones se cumplen estamos ante la Cannabis sativa ruderalis.

maariguana recogidaSon plantas que no se utilizan para cultivos narcóticos de cannabis por la baja cantidad de THC que producen (baja psicoactividad, bajo colocón). Las tres subespecies han permanecido separadas geográficamente durante mucho tiempo, la índica era típica del sudeste asiático; la ruderalis, de Rusia, y la sativa, de Europa y África.

Marihuana tutorial Parte 2 (muy útil)

videomarihuana Indoor 2 de 4 Basicos del cultivo

De marihuana

Esta guía pretende ser una referencia básica para todos aquellos que tienen dudas sobre como montar una plantación dentro de casa. Lo primero es hablar de que aspectos tenemos que cuidar, y que materiales necesitaremos:

Semillas

Lo primero que debemos tener son las semillas de marihuana . Pueden ser semillas compradas, semillas de otras cosechas o semillas que algún amigo nos ha dado. Para empezar, se puede probar con semillas que nos de alguien (tampoco aceptéis cualquier semilla e intentad conocer qué tipo de variedad son). ¿Por qué? Muy fácil. En los primeros cultivos cometeremos muchos errores y aprenderemos qué cosas debemos hacer y cuales no. Así que sería una pena echar a perder o no sacarle el rendimiento suficiente a semillas de calidad que hemos comprado a un alto precio. Si no tenemos la posibilidad de que nos den semillas, o estas no son de calidad, o simplemente queremos un determinado tipo de marihuana, siempre podemos comprar algunas que no sean excesivamente caras. Eso sí, no tengamos reparo después a la hora de desechar ejemplares por su debilidad o porque contraigan alguna enfermedad que pueda poner en peligro al resto.

Medios de cultivo

Las semillas tenemos que ponerlas en algún medio de cultivo para que puedan germinar y terminar siendo unas bonitas plantas de marihuana. Para cultivo de interior, un método que se usa habitualmente es el de la hidroponía. Este consiste en mezclas inorgánicas y carentes de nutrientes, ya que estos se acabarán suministrando en el agua de riego. Este método conlleva mayor complicación que el tradicional de cultivar en medio orgánicos (como el sustrato vegetal que podemos encontrar en cualquier tienda especializada). Por lo que si es vuestro primer cultivo, os aconsejo que empezéis por lo sencillo, y uséis medios orgánicos. Entre ellos podemos encontrar el sustrato vegetal, el humus de lombriz, arena gruesa, lana de roca, abonos orgánicos, etc. Algunos, como el humus de lombriz, es necesario mezclarlos con otros por no tener capacidad para retener agua ni aire.

Contenedores o macetas

Los mejores contenedores para cultivar marihuana son los que son más altos que anchos. Las raíces del cannabis tienden a crecer hacia abajo más que a los lados. Normalmente la planta se interna en la tierra la misma profundidad que su tamaño fuera de ella. Es por esta razón por la que aconsejo usar contenedores más altos y más estrechos que las típicas macetas que se usan para el resto de plantas. Además así ocuparán menos espacio.

La capacidad de las macetas debe ser de 12 litros como máximo. Hay que pensar que si vamos a cultivar muchas plantas, los contenedores van a ocupar mucho espacio. Para cultivo de exterior se pueden usar contenedores más grandes, pero para interior debemos limitar más el tamaño de estos. Teniendo en cuenta además que deberemos ir moviendo rotando las macetas para que la planta reciba luz por todos sus lados. Unos contenedores que pesen poco nos ayudarán en esta tarea. Es cierto que las macetas de barro son mejores por su capacidad para transpirar, eliminar el exceso de humedad por sus paredes, y por su característico aislamiento frente a altas temperaturas ambientales. Pero en interior lo aconsejable son macetas de plástico, resistentes pero de poco peso, porque son más manejables y fáciles de manipular.

Las macetas deben tener agujeros de drenaje en el fondo. Y cuantos más mejor, siempre sin que sean demasiados y que puedan producir que el contenedor se pueda romper por abajo. Y sin que faciliten que se escape la tierra por debajo cada vez que se riega. Para evitar esto deberemos poner en el fondo de la maceta arlita piedras, que faciliten el drenaje, pero que eviten que se pierda tierra por los agujeros.

Luz

Las plantas necesitan mucha luz para su crecimiento y su correcto desarrollo. Y en interior debemos ser nosotros los encargados de proporcionarles la suficiente cantidad de luz para asegurarnos de tener unas cosechas productivas. Existen en el mercado toda una gama de bombillas y reflectantes que podemos comprar para obtener un buen cannabis. Las lámparas de vapor de sodio y las de halogenuros de mercurio son las mejores para desempeñar esta tarea. Las primeras tenían un color anaranjado al principio, y las otras un color más blanco. Pero ahora podemos encontrar de ambos tipos que den un color banco de distintas tonalidades. Hay unas que las denominan cool white por la luz tan característica que emiten.

Sobre la potencia, nosotros recomendamos que tengan como mínimo 400W. Índices menores que este nos van a proporcionar cosechas menos abundantes, e incluso problemas a la hora de que nuestras lindezas crezcan.

También debemos cuidar la altura a la que ponemos estas bombillas. Normalmente desprender demasiados calor, y esto puede hacer que se quemen las hojas más altas de nuestras plantas. Para la potencia de las lámparas que hemos recomendado, la distanciaentre la punta de la marihuana y la bombilla no debe ser inferior al medio metro. Si observamos que las puntas de las hojas comienzan a oscurecerse o estas empiezan a doblarse hacia arriba, si no nos hemos pasado con los fertilizantes, es una buena indicación de que las lámparas están demasiado cerca. En los armarios de cultivo se suele instalar unsistema de ventilación y de extracción, y se suelen conectar las lámparas a los tubos que conforman esta estructura para que desalojen el calor que producen las bombillas.

Los tiempos los ciclos de luz – oscuridad suelen variar para cada cultivador. En la fase de crecimiento, parece estar comprobado que una continua provisión de luz para las plantas de24 horas suele hacer que al final la producción aumente. Si no se pueden mantener las lámparas las 24 horas del día encendidas, el mínimo de horas no debe bajar nunca de 18 horas de luz como mínimo. Cuando las plantas alcancen el tamaño que queríamos, cambiamos el ciclo de luz – oscuridad hasta igualarlo, con tan sólo 12 horas de luz al día. Eso provocará que nuestra plantas entren en la fase de floración y comiencen la producción de resina.

Clima controlado

Las plantas necesitan un adecuado rango de temperaturas para poder crecer sin problemas. La temperatura ideal para la marihuana es de unos 25º C. Elegiremos una habitación que tenga una temperatura constante durante todo el año, y no sea un cuarto que tengamos que visitar a menudo para hacer otras tareas. En el inicio debemos cuidar especialmente el rango de temperaturas que debe soportar la planta, pues es en este estadio cuando son más débiles. Los límites fuera de los cuales el cannabis detiene su crecimiento son menos de 10ºCy más de 40º C.

El aire es también muy importante. Por medio del viento se pueden colar en nuestro cultivo hongos que seguro no serán bienvenidos por nuestras plantas, pudiendo ocasionar enfermedades que pueden llegar a arruinar en el peor de los casos nuestra cosecha. Unarenovación contínua de aire limpio ayudará a evitar que las plantas se pongan malitas. Además, estan desarrollan un mayor tronco y ramas que les permitirá aguantar mejor el peso de los cogollos y las hará más resistentes si se ven frecuentemente movidas y balanceadaspor una conínua brisa. Podemos poner ventiladores en nuestro cuarto para simular este efecto que tiene el viento en las plantas.

Un posible problema de discrección si vivimos en una comunidad de vecinos o tenemos frecuentes visitas es el olor que desprenden las plantas de marihuana. En el mercado podemos encontrar diferentes modelos de filtros con carbono activo que logran amortiguar eficazmente el olos que impregna el aire que expulsemos del cuarto de cultivo mediante el sistema de extracción que hayamos instalado. Estos filtros los podemos utilizar en varios cultivos, antes de tener que comprar nuevos recambios para segurar su correcto funcionamiento.

El CO2 es absolutamente necesario para las plantas. Pueden morir fácilmente en interior si no reciben un aporte suficiente. Con un adecuado sistema de ventilación y renovación del aire podemos estar tranquilos en este aspecto. Biuen es cierto que forzando a que las plantas reciban un mayor aporte de CO2 podemos aumentar la producción. Para esto existen varios trucos de los que hablaremos en futuros artículos.

La humedad también puede resultar un problema, sobre todo en fases tempranas de germinación y crecimiento. Un exceso de humedad puede hacer que los hongos proliferen en el medio de cultivo, y nos encontremos con el metido mal del vivero que provoca que las raíces se pudran o que las semilla no germinen.

Para saber más sobre la eleccion del sitio, podéis ver el artículo sobre los cuartos de cultivo.

Más consejos

Lo primero que debemos saber es que nuestras plantas en interior no deben hacerse tan grandes como serían si las cultivásemos en exterior. La efectividad de las lamparas de interior no superan los 80 cm o el metro. Y cuando las plantas están el floración, la vegetación puede ser tan densa que la luz no llegue correctamente a la parte inferior de las plantas, evitando que estan desarrollen todo su potencial, con lo que estaríamos desperdiciando tiempo y dinero en abonos y cuidados. El tamaño máximo de las plantas podemos aconsejar que no supere el metro y medio.

Las plagas en interior son letales. Si alguno de los bichitos que pueden arruinar nuestra cosecha consiguen colonizar nuestras plantas, se reproducirán a sus anchas. No encontrarán en nuestro cultivo los depredadores naturales que los mantienen a raya como ocurre en exterior. Por eso, la contínua observación, hábito que siempre recomendamos, es crucial. Al más mínimo indicio de algún posible visitante inesperado, debemos aplicar las medida oportunas en cada caso y utilizar los insecticidas biológicos adecuados. Mientras tanto, no nos olvidaremos de la prevención con la ayuda de otros productos destinados para el caso. En el mercado podemos encontrar una amplia variedad de productos que podemos usar para cuidar nuestras plantas.

Para los principiantes, tener cuidado con el sexo de las plantas. Al principio puede ser confuso el distinguir machos y hembras, pero una vez hayamos visto algunos ejemplares, veremos que es una tarea muy sencilla de realizar. Cuanto antes separemos los machos de las hembras, mejor, si lo que queremos es obtener la máxima producción en una cosecha sin semilla.

Marihuana en Africa

 

En este continente es considerado un medicamento muy versátil, se utiliza para todo: insomnio, disentería, lepra, caspa, males de ojo, enfermedades venéreas, jaquecas, tosferina, oftalmia y hasta tuberculosis. También se considera un tónico cerebral, antihisterísmo, antidepresivo, potenciador de deseos sexuales sinceros, fuente de coraje y longevidad.

El cáñamo esta muy difundido en la zona del Congo; las hojas frescas se fuman en pipas rudimentarias a las que se añaden carbones al rojo. Las hojas y las semillas son embaladas en cartuchos grandes y largos, cubiertas con cortezas de árbol.
La secta de los Bantúes tenían cultos Dagga secretos, que creían que los dioses enviaron a la tierra el cannabis sagrado. Dagga significa “Cannabis”. Estas
africasociedades el uso de cannabis era exclusivo de los líderes. Los pigmeos, los zulúes y los hotentotes creían que era la medicina indispensable para tratar la epilepsia, los calambres y la gota. También lo utilizaban como sacramento religioso.

En Angola, los tjivokve fuman las hojas en pœblico, mientras que los ngangela, que pertenecen al mismo grupo lo hacen en secreto.
En 1870, el jefe Kalamba-Moukenge, para asegurar su poder sobre las distintas tribus recientemente sometidas para luchar contra el invasor inglés, hizo quemar pœblicamente los diferentes ídolos tradicionales, sustituyéndolos por un ritual œnico basado en el consumo colectivo de riamba (cáñamo). Los seguidores del nuevo culto se llamarán Bena-Riamba (“hijos del cáñamo”) es como una especie de gran secta o un culto en el que su ideología es de corte comunista agrícola. Cuando viajaban no llevaban consigo armas sino pipas. Fumaban dando grandes caladas lo que luego les producía tos espasmódica y grandes colocones.


Marihuana: Estos Amrecanos Estan Locos


A través de este ensayo histórico tal vez entenderás por qué la marihuana es ilegal, cuáles fueron los intereses detrás de esta medida, y por qué en la escuela intentaron inculcarte (sin éxito) la idea de que consumir cannabis es malo.

Probablemente tu eres una de las miles de personas que seguimosdeux
preguntándonos el por qué de la prohibición de la marihuana. Más allá de lo ridículo que resulta, si se mira objetivamente, el que los sistemas gubernamentales se hayan auto-asignado el poder de prohibir nuestra interacción con una planta, lo cierto es que si nos remitimos a los efectos de la cannabis en la salud física y social, la interrogante se vuelve aún más notable.

¿Por qué es ilegal consumir marihuana si múltiples estudios han confirmado que sus efectos son menos dañinos que los del consumo de tabaco para el organismo humano, y que sus consecuencias sociales son notablemente menos negativas que las del consumo de alcohol? ¿Por qué se prohíbe el cultivo de esta planta si esta comprobado que puede aportar múltiples beneficios desde un plano medicinal, hasta la manufactura de productos imprescindibles como el papel, la ropa, o incluso proveer de elementos necesarios para la construcción y la gastronomía?
A continuación repasemos algunos datos históricos que ponen en evidencia el valor que otorgaban las sociedades a esta planta previo a su prohibición. La mayoría de estos datos, que corresponden a Estados Unidos ya que este país fue el principal promotor de su prohibición a nivel mundial, pueden verificarse a través de fuentes de conocimiento tradicionalmente legitimadas como la Enciclopedia Británica, la cual por cierto durante 150 años fue impresa en papel de cáñamo:

- Todos los libros de texto escolares, en Estados Unidos, estaban impresos en papel de cañamo hasta 1830.

- Los primeros mapas, biblias, e incluso la constitución estadounidense fueron impresas con papel de cáñamo.

- En algunos estados el país era obligatorio el cultivo de cannabis en los siglos 16 y 17 debido a los enormes beneficios que esta planta implicaba como materia prima.

- El cáñamo fue fundamental para la navegación durante siglos ya que el 90% de las cuerdas que se utilizaban en esta práctica eran elaboradas con este material.

- Previo a la introducción del algodón en 1820, el 80% de la ropa y telas en general eran elaboradas a partir de esta planta.

- Los primeros registros de cultivo de cáñamo datan de hace por lo menos cinco mil años en la antigua China.

- La mayoría de las obras de Rembrandt, Van Gogh, Monet, y muchos otros, se pintaron sobre canvas hechos a base de cáñamo.

En 1916 el Departamento de Agricultura de EUA predijo que para 1940 todos los libros serían impresos en cáñamo lo cual implicaría que no se tendrían que talar más árboles.

Esta confirmado que una hectárea cultivada con cáñamo produce 4 veces más papel que el mismo área plantado con árboles, y que el proceso de extracción requiere de entre 4 y 7 veces menor esfuerzo en maquinaria lo cual se traduce a su vez en menor contaminación.

Algunas de las pinturas y barnices de mayor calidad eran elaboradas a partir de la semilla de la cannabis hasta 1930.

Henry Ford, fundador de la armadora de coches del mismo nombre, construyó su primero modelo deautomóvil utilizando cáñamo como principal materia prima y estaba diseñado para operar con combustible también generado a partir de esta planta.

Criminalización

La criminalización de la marihuana en Estados Unidos tuvo sus primeros antecedentes en 1906, en el Distrito de Columbia, con la primer regulación enwanted mtorno al cultivo de esta planta. Posteriormente siguieron Massachusetts (1911), Nueva York (1914) y Maine (1914). Mientras que en 1913 California pasó la primera ley de prohibición de marihuana y Wyoming (1915), Texas (1919), Iowa (1923), Nevada (1923), Oregon (1923), Washington (1923), Arkansas (1923), y Nebraska (1927) le siguieron. Ya en 1932 se creóel Uniform State Narcotic Act para invitar a los gobiernos estatales a que se unieran, sin excepción, a esta campaña nacional por criminalizar o al menos regular el uso de marihuana.

Cuatro años después, en 1936, durante la Convention for the Suppression of the Illicit Traffic in Dangerous Drugsllevada a cabo en Ginebra, Estados Unidos promovió ante el resto del mundo, a través de su Federal Bureau of Narcotics, un tratado de criminalización de cualquier actividad relacionada a la marihuana, la coca, y el opio (incluidas su cultivo, producción, manufacturación, y distribución) con excepción de contextos médicos y científicos. El Artículo 2 de esta convención invitaba a todos los firmantes a castigar severamente, en particular con penas que implicaran la privación de la libertad, a toda aquella persona que se involucrara con estas actividades neo ilícitas. Sin embargo, muchos países presentes se negaron a suscribir ciertos apartados del tratado y estados Unidos, principal promotor de la convención, se negó a firmar alegando la flaqueza del resto de las naciones sobretodo en asuntos relacionados a la extradición y la confiscación de bienes ligados al tráfico de drogas.

Al analizar la historia se puede percibir como un gesto bastante raro, incluso esquizofrénico, la transformación de posición estadounidense frente a la marihuana. Súbitamente Estados Unidos pasó de vivir un romance idílico con la cannabis, a promover enérgicamente su prohibición, castigo, y cuasi satanización. Sin duda existe un eslabón perdido que no aparece en la historia oficial y que tiene que ver con la presión de las corporaciones (esas abstractas y todopoderosas entidades que hoy controlan buena parte del planeta y que ya a principios del siglo XX comenzaban a consolidarse como una fuerza aún más influyente que el propio gobierno).

Corporaciones VS Cannabis

Como podemos ver la cannabis es una planta flexible, multifacética, y con money 2diversas cualidades. A partir de ella se pueden generar desde combustibles y aceites comestibles, hasta ropa y todo tipo de telas, pasando por cuerdas y, por supuesto, papel. Sin embargo, precisamente estas bondades de la planta eran las que más incomodaban a las corporaciones que estaban monetizando frenéticamente mercados como el del abastecimiento de papel industrial, el algodón, y los hidrocarburos. Al parecer, en un principio fueron principalmente dos corporaciones las que se volcaron por completo para promover la prohibición de esta planta: DuPont y la Hearst Company (propiedad de William Randolph Hearst en quien se inspiró el film de Citizen Kane).

El banquero Andrew Mellon, quien se convirtió en el tesorero del gobierno del presidente Hoover, era uno de los principales inversionistas de DuPont, actualmente una de las mayores corporaciones del mundo y que en la época de 1920 a 1940 estaba consolidándose en el negocio de los petroquímicos y de los polímeros. Para ambas ramas de mercado el cannabis resultaba una seria amenaza pues de esta planta podían derivarse tanto fibras naturales que redujeran el consumo de nylon, uno de los productos clave de DuPont en esos años, como de combustible vegetal que amenazaba su apuesta por los hidrocarburos. En este sentido DuPont tenía claro que una de las premisas de su estrategia de mercado tenía que anular la presencia del cáñamo. Siendo Secretario del Tesoro Mellon influyó para que su sobrino Harry J. Anslinger fuese nombrado en 1930 como el primer comisionado Federal Bureau of Narcotics. Y a pesar de que el cabildeo en contra de la cannabis ya llevaba poco más de dos décadas lo cierto es que no fue hasta que Anslinger llegó al FBN cuando la verdadera guerra comenzó.

Por otro lado, la otra industria que se sentía gravemente amenazada por la presencia del cáñamo era la papelera. La Hearst Company controlaba buena parte de la producción de papel e incluso era el principal proveedor del área de productos de papel de la hoy multinacional Kimberly Clark. Hearst, un despiadado hombre de negocios no tardó en darse cuenta, al igual que DuPont, de la necesidad de eliminar al cáñamo del mercado y junto con otros empresarios presionaron al gobierno, a través del FBN para que se criminalizara por completo el cultivo de esta planta. Incluso Hearst, el legendario magnate de los medios impresos, puso a disposición su ejército de diarios para promover una campaña cultural en contra de la cannabis y como parte de esta iniciativa se adoptó por primera vez el nombre de marihuana, una palabra con fonética recordable, breve, y precisa para designar a esta ahora diabólica planta (por cierto un término que hasta entonces era solamente utilizado en el argot popular de México).

Otro actor que desempeñó un papel fundamental en este proceso fue la ya entonces consolidada industria del tabaco. En esa época la cultura americana ya había adoptado integralmente el consumo cotidiano de cigarrillos. Sin embargo, las grandes tabacaleras habían comprobado que el consumo de tabaco entre la población que fumaba cannabis era menor que en aquellos que solo consumían su producto. Por otro lado los fumadores de esta planta jamás de someterían a un mercado industrial ya que era relativamente fácil cultivarla caseramente y autoabastecer su consumo personal sin recurrir a una marca industrial. Por el contrario, la siembra de tacabo era mucho más compleja y requería de una extensión de tierra suficiente para cultivarse y no solo de un par de macetas. Tomando en cuenta esto, y ante el poco futuro comercial que se percibía en el rubro del cannabis, las grandes tabacaleras no dudaron en apoyar la cruzada en contra de la marihuana.

brain mFinalmente no podemos dejar de mencionar a la siempre oscura industria farmacéutica, conocida como el Big Pharma, y que consciente de las propiedades medicinales que la marihuana ofrecía a la población también la percibió como una amenaza contra sus intereses comerciales. Se tienen confirmados múltiples beneficios médicos que contiene la cannabis, entre ellos el combate al glaucoma, el ayudar a la prevención de Alzheimer, y reducir el dolor del síndrome pre menstrual entre las mujeres, por mencionar solo algunos. Contra todos estos males el Big Pharma ha desarrollado medicamentos sintéticos que en muchos casos han probado ser menos efectivos, o al menos mucho más costosos que tratarlos con marihuana. De hecho esta misma postura de las farmacéuticas alude a un fenómeno actual con la campaña que busca volver ilegal el uso de plantas medicinales en Europa como sustituto de medicamentos.

Aunque no ha sido comprobado, se dice que Anslinger se reunión con algunos de los más poderosos empresarios del momento, entre ellos obviamente representantes de las tabacaleras, DuPont y el propio W.R. Hearst, para pactar una guerra frontal contra la marihuana y diseñar una campaña mediática que imprimiera el imaginario colectivo con una nueva idea: la marihuana es una planta nociva para la salud y para la sociedad, y su consumo, cultivo y distribución debe ser tenazmente descalificado, denunciado, y perseguido.

A continuación se instauró una de las mayores cruzadas de manipulación mediática en la historia. Decenas de diarios se empeñaron en desatacar los “horrores” de la marihuana y la población aprendió que esta planta era responsable directo de todo tipo de sucesos negativos, desde asesinatos y accidentes Automovilísticos, hasta la pérdida de moral. El cine mainstream también se unió a la campaña con Films como ‘Reefer Madness’ (1936), ‘Marihuana: Assassin of Youth’ (1935) and ‘Marihuana: The Devil’s Weed’ (1936), todas ellas promoviendo la satanización de la marihuana y, aunque lo hacían de una manera que hoy nos parece cómica o altamente caricaturesca, lo cierto es que fue una movida bastante eficiente para generar una percepción profundamente negativa entre la población. Básicamente el discurso giraba en torno a conceptos bastante rudimentarios pero que para la sociedad de ese momento fueron más que suficientes: “un narcótico violento”, “efectos multi-destructivos”, “un enemigo público”, etc…

Nuestros días

Poco tiempo tomó que la movilización mediática en Estados Unidos en contra de la cannabis comenzara a impactar a la población de otros países. Y esto, sumado a la dominante influencia política de EUA en el escenario internacional, derivó en que eventualmente la gran mayoría de los países fueron adoptando medidas y discursos similares. Con el tiempo la legislación anti-marihuana fue sofisticándose y endureciéndose, hasta nuestros días. Actualmente, si bien es ya prácticamente imposible convencer a una persona con los primitivos argumentos sobre los que originalmente se fundó la campaña de desprestigio contra la ganja, lo cierto es que el marco legal ha sido afinado para obstaculizar la posibilidad de legalizarla y también la propaganda ha sido “refinada” pero en ningún momento ha cesado (basta recordar las pasadas votaciones en California donde incluso en contra de todos los pronósticos no se logró legalizar).

Propaganda para desprestigiar la Propuesta 19 que estuvo cerca de legalizar la marihuana en California (Noviembre 2010).

Pero también con el tiempo se sumo un nuevo personaje a las lúgubres agendas detrás de la criminalización de la marihuana: la enorme cantidad de dinero generada a través del narcotráfico. Y sin ir tan lejos como considerar algunas teorías que afirman que detrás de este mercado a fin de cuentas se encuentra una monumental red de lavado de dinero orquestada a partir de instituciones como la CIA o el vaticano, lo cierto es que en un sistema completamente volcado al mercado, en donde la conveniente o nociva naturaleza de un fenómeno social o medioambiental se mide exclusivamente a partir de un criterio financiero, resulta objetivamente obvio que el gran mercado de drogas alrededor del mundo a fin de cuentas no debe de molestar a los principales promotores de este sistema: gobiernos, corporaciones, e instituciones religiosas.

Las radiografías históricas en torno a la criminalización e la marihuana, como la que acabas de leer, tal vez no contribuirán significativamente a que se rediseñe la posición legal frente a esta planta, pero al menos si favorecen el equilibrio en la percepción cultural que hemos forjado a través de lo que nos enseñan en la escuela, en las cínicas campañas anti-drogas, y en las películas mainstream. Y en todo caso, la próxima vez que te cuestiones cómo es posible que la marihuana sea ilegal, tu pregunta ya no quedará sin respuesta.

 

Marihuana Indoor Instalación De Un Cultivo

CULTIVO MARIHUANA INDOOR PART1

LEGISLACIÓN SOBRE LA MARIHUANA

Legalidad en España

La ausencia de catalogación en las Listas internacionales de la semilla de marihuana como sustancia estupefaciente, frente a la proscripción de su cultivo fuera de los cauces estrictamente autorizados, ha terminado por desbordar el marco administrativo de su licitud, pasando a constituir un auténtico problema de índole penal, en el que aquélla se debate entre la ambigüedad de su confusa regulación como vehículo favorecedor de su expansión comercial; la aparente permisividad de las autoridades encargadas de garantizar la efectividad de la salud pública como servicio; y los derechos incuestionables del consumidor de la droga como último destinatario y primer gestor de la salud particular.

SUMARIO:

I. Breve introducción.

II. La fiscalización de la marihuana y derivados.

II. La regulación legal del cultivo de la semilla de marihuana.

IV. El cultivo del marihuana, como modalidad susceptible de reproche penal.

V. La venta de semillas de marihuana, así como de materiales y útiles para su cultivo, como acto preparatorio para su ejecución (art. 371 CP).

VI. La venta de semillas de marihuana, como acto de preejecución en relación con su cultivo (art. 373 CP).

VII. La venta de semilla de marihuana: como acto de ejecución, dentro de la modalidad participativa de la cooperación necesaria (arts. 28.b y 368 CP).

VIII. La publicidad de la venta de semillas de marihuana, así como de los materiales y útiles para su cultivo, como actos de promoción del consumo de drogas (art. 368 CP).

I. BREVE INTRODUCCION

La proliferación, en los últimos tiempos, de establecimientos y comercios dedicados a la venta de sucedáneos de las drogas fiscalizadas, conocidos con la denominación de «productos inteligentes» («smart shops y smart drugs») (1) así como de tiendas de cultivo («grow shops») con la finalidad prioritaria de promover el de las variedades con más alta concentración de principios activos de la planta del marihuana o cáñamo índico, constituye, hoy por hoy, una de las más graves preocupaciones por parte de las autoridades y organismos oficiales encargados –conforme a lo dispuesto en los arts. 43, 51.1 y 103 CE– de tutelar y velar por la satisfacción de los intereses generales, así como salvaguardar la indemnidad de la salud pública, al haberse integrado de rondón en un panorama caracterizado por la existencia de evidentes lagunas en la normativa que lo regula, dando pie a situaciones que pueden comprometer socialmente las garantías para su cumplimiento (2).

El problema que trata de esclarecerse, con este trabajo, se limita, sin embargo, únicamente a intentar resolver, desde una perspectiva juríco-penal, si la venta de semillas de marihuana por parte de las denominadas grow-shops (tiendas de cultivo), así como la dispensación de útiles para dicha finalidad y su publicidad, pueden ser constitutivas de alguno o algunos de los delitos contra la salud pública, recogidos en Capítulo III del Título XVII del Libro Segundo del Código Penal; partiendo del dato incuestionable de que, en la actualidad, las citadas semillas no están fiscalizadas en las Listas internacionales, a diferencia de lo que ocurre con las plantas que con su reproducción pueden obtenerse y sus principios activos (3).

II. LA FISCALIZACION DEL marihuana Y SUS DERIVADOS

LEY La Convención Unica de 1961 sobre Estupefacientes, firmada en Nueva York el 30 de marzo y modificada por el Protocolo de Ginebra de 25 de marzo de 1972, incluye en su Lista I, relativa a las sustancias prohibidas al marihuana (cáñamo indico) y su resina (resina de cáñamo índico) así como sus extractos y tinturas, en la columna correspondiente a la descripción/denominación del estupefaciente fiscalizado, reiterando su proscripción en la Lista IV, al recoger entre las sustancias prohibidas en terapéutica humana por su riesgo de dependencia al marihuana y resina de marihuana (4).

Esta planta posee un elevado número de compuestos químicos que varían en su número y cantidad, en razón del tipo de suelo, clase y calidad de semilla utilizada, así como de la forma de su cultivo. Fluctuaciones que también dependen de la parte de la planta utilizada, del modo de preparación de ésta para su consumo, e incluso de la idoneidad de las condiciones en que se haya producido su almacenamiento (5). Una parte de los compuestos identificados se conocen con el término de cannabinoides, a los que pueden considerarse como los determinantes del poder sicoactivo de los diversos preparados procedentes de la marihuana sativa (6).

El más importante de estos cannabinoides es el Delta 9 Tetrahidrocannabinol (acrónimo TCH), cuya concentración de principios activos, debido precisamente a la investigación y selección genética de semillas y su desarrollo a través de cultivos hidropónicos en invernaderos ha experimentado una notable elevación, llegando a afectar a los patrones de consumo (7).

A su vez el TCH, una vez aislado y confirmados sus efectos sobre el organismo, fue incluido como principio activo en el Anexo al Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas de 1971, firmado en Viena, el 21 de diciembre, apareciendo fiscalizado en la Lista I como tetrahidrocannabinol, con una serie de isómeros y variantes estereoquímicas, así como en la Lista II con la denominación de Delta-9-tetrahidrocannabinol y sus variantes estereoquímicas (8).

Como consecuencia de lo expuesto, el marihuana se encuentra fiscalizado doblemente, como estupefaciente y psicotropo; debiendo aclararse que si bien se conoce con tal denominación a todas las variantes del cáñamo, su catalogación como sustancia fiscalizada se concreta a la marihuana sativa o cáñamo sativa (género: marihuana, familia: cannabinaceas) caracterizada por ser la variedad de la especie que mayor cantidad de THC contiene, quedando excluidas paradójicamente otras variedades de marihuana como la Rudelaris, la Chinensis (9) o la Gigantea –denominada Tsng-ma por los chinos– a pesar de que también lo contienen en porcentajes significativos.

La catalogación de la planta de marihuana indica –aparte de su resina, extractos y tinturas– obliga a delimitar, por otra parte, el ámbito físico de su referencia, al poderse llegar a la conclusión equivocada de que la totalidad de la planta se halla sometida a aquélla, lo que no resulta ser cierto en la medida en que la propia Convención Unica sobre Estupefacientes de 1961 expresa en su art. 1.º qué parte o partes de la planta se encuentran fiscalizadas. En ese orden, después de relacionarse en sus Listas I y IV al marihuana y su resina, así como los extractos y tinturas de aquél, se precisa en los apartados b) y d) del artículo citado, dedicado a definir los conceptos técnicos incorporados al texto de la Convención, que: «por marihuana se entiende las sumidades, floridas o con fruto, de la planta de la marihuana (a excepción de la semilla y las hojas no unidas a las sumidades de las cuales no se ha extraído la resina, cualquiera que sea el nombre con que se las designe)», concretando respecto a su resina que: «por “resina de marihuana” se entiende la resina separada, en bruto o purificada, obtenida de la planta de la marihuana»; definiendo ésta última en su apartado d) como «toda planta del género marihuana».

De todo lo cual necesariamente se infiere, desde la literalidad de las sustancias relacionadas en las Listas I y IV, que lo que se fiscaliza como estupefaciente son tanto las sumidades, floridas o con fruto, de toda planta del género marihuana, como la resina y los extractos y tinturas procedentes de la misma, quedando excluidas las semillas por carecer de principio activo y en consecuencia de razón para ser catalogadas como estupefacientes.

III. LA REGULACION LEGAL DEL CULTIVO DE LA SEMILLA DE marihuana

Se perfila el cultivo esencialmente con una actividad instrumental que sólo alcanza relevancia jurídico penal en la medida en que el proceso de su puesta en marcha persiga como finalidad la obtención de droga con ánimo de traficar, en el amplio sentido de la acepción, quedando excluidos por su irrelevancia el cultivo de la planta del marihuana destinado al autoconsumo, o a cualquiera de las modalidades de utilización exentas de punición (10).

La destinación, por otra parte, de la marihuana sativa a la producción agrícola e industrial (elaboración de fibras, tejidos, cordelería y alpargatería) así como a la obtención de aceites y semillas, utilizados tradicionalmente para la fabricación de jabones blandos y la alimentación de aves, no debe, en la praxis, plantear problemas añadidos acerca de la licitud de su cultivo al quedar eliminado del ámbito punitivo cualquier planteamiento desde dichas perspectivas (11). La ausencia de idoneidad, de estas variedades de cáñamo común para producir concentraciones tóxicas de principio activo permite erradicarlas como modalidad punible de cultivo (12).

De igual manera, el destino de la planta para otros usos industriales o agrícolas, particularmente la producción de semillas, debe quedar descartado igualmente como hipótesis delictiva en la medida en que normativamente también aparecen excluidos del marco de la Convención Unica de 1961 al establecer en su art. 28.2 que: «la presente Convención no se aplicará al cultivo de la planta de marihuana destinado exclusivamente a fines industriales (fibra y semillas) u hortícolas».

En ese orden, la Ley 17/1967, 8 de abril, reguladora de la normativa sobre Estupefacientes y adaptadora de lo establecido en el Convenio Unico de Naciones Unidas citado, en congruencia con lo expuesto, excluye de su ámbito de aplicación en su art. 9: «el cultivo de la planta de la marihuana destinado a fines industriales, siempre que carezca del principio activo estupefaciente» exigiendo su art. 8, para su cultivo destinado a la producción de estupefacientes, autorización expresa del Servicio de Control de Estupefacientes (13).

Por lo que en definitiva, el cultivo de cualquiera de las drogas recogidas en los arts. 1.1, 22 y 28 del Convenio Unico de Naciones Unidas de 1961, relativo a: «la adormidera, arbusto de coca y planta de marihuana» necesitará de la pertinente autorización cuando el mismo tenga como finalidad la fabricación, elaboración o producción de cualquier clase de estupefaciente, por lo que con independencia de que los actos de cultivo puedan resultar irrelevantes penalmente por hallarse la droga preordenada al propio consumo, siempre que la planta posea concentración de principio psicoactivo será necesaria autorización para su cultivo, pudiendo reportar su infracción la correspondiente sanción administrativa. Cultivo que sólo podrá llevarse a cabo legalmente en España con la autorización de la División de Estupefacientes y Sicotropos, dependiente de la Agencia Española del Medicamento, adscrita al Ministerio de Sanidad y Consumo (14), por lo que la puesta en práctica de dicho cultivo, al margen de dicho requisito, tendrá además y en principio, al menos indiciariamente, la consideración de tráfico ilícito de sustancias estupefacientes.

IV. EL CULTIVO DEL marihuana COMO MODALIDAD SUSCEPTIBLE DE REPROCHE PENAL

El art. 368 del Código Penal de 1995, siguiendo los precedentes marcados por el art. 344 CPA, del que ya la reforma operada por LO 1/1988, 24 de marzo, había erradicado la «fabricación» como modalidad instrumental sustituyéndola por la acepción más amplia de «elaboración» mantenida en el actual, contempla al cultivo junto al tráfico como una de las tres modalidades de actos de ejecución susceptibles de promocionar, favorecer o facilitar el consumo ilegal de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas (15), arrastrando la redacción del precepto, en consecuencia, los mismos defectos en los que había incurrido la anterior al estructurar el objeto material de los delitos relativos al tráfico de drogas sobre la errónea construcción triádica que aquélla había diseñado de: «drogas tóxicas, estupefacientes y sustancias psicotrópicas», como tres especímenes distintos, cuando realmente las primeras son el género de las dos segundas que constituyen la especie (16).

La naturaleza de norma en blanco del precepto, en relación con la significación más aproximada de los conceptos normativos que el mismo contiene, debe completarse con el examen de las disposiciones extra-penales que de manera particular los regulan. Nadie discute hoy que la utilización de denominaciones, locuciones, giros o expresiones procedentes de una rama del Derecho ajena al ámbito normativo que la aplica, no demuestra precariedad de medios alguna por parte del prestatario, sino contrariamente: respeto a la norma prioritaria, especial y primigenia que específicamente regula la materia; habiendo confirmado el TC y el TS la licitud de tales recursos (17). El auxilio de los mismos, en muchas ocasiones, resuelve, más que facilita, la indagación de su original sentido como mecanismo autorizado dentro de la interpretación sistemática de la norma. La relación de ésta con aquellas otras que componen o desarrollan una institución jurídica permiten integrar el ordenamiento en un todo armónico, facilitando su aplicación natural, sin enrarecer su comprensión.

La construcción de los delitos que atentan contra la salud pública, como bien jurídico protegido en el Código Penal aparece cimentada a partir de una formulación eminentemente técnico-jurídica emparentada inevitablemente con acepciones científicas, recogidas por la reglamentación administrativa de los ramos médico-sanitario alimentario y agrícola, principalmente, a la que se ha visto obligado el legislador a recurrir para no desnaturalizar los conceptos utilizados, con el fin de extraer y seleccionar dentro de su ámbito aquellas conductas que por su grave entidad vienen reclamando, desde el clamor social, una respuesta adecuada para su reprobación y reproche (18).

LEY2Desde la doble perspectiva expuesta, sin embargo, el concepto de cultivo recogido así mismo en el art. 1.l) de la Convención Unica de 1961 aplicado a las especies vegetales fiscalizadas descritas en el mismo, discurre semánticamente, con algún matiz divergente al expresado finalmente en el Código Penal, al aparecer en la citada Convención integrado dentro de los actos de tráfico: «Por “tráfico ilícito” se entenderá el cultivo o cualquier tráfico de estupefacientes, contrario a las disposiciones de la presente Convención», mientras que en nuestro primer cuerpo de Derecho punitivo se incorpora tal y como hemos expuesto, como una de las tres modalidades específicas de hacer, equivalente a la del término «elaboración», también utilizado en el art. 368 CP, reservado tácitamente para la fabricación química de sustancias, emparentados ambos conceptos, a su vez, con el finalista de producción, no incorporado por éste, pero utilizado asimismo por la normativa interna e internacional reguladora de la materia, que conceptualmente vendría a aglutinar como precedente aquellas modalidades (19); concluyendo el art. 3.1.a.ii de la Convención de 1988, por último, dentro de un margen de comprensible libertad, interesando de los Estados-Parte, la adopción de las medidas necesarias para la incorporación en su respectivo Derecho interno, entre otras ilícitas actividades, del: «cultivo de la adormidera, el arbusto de coca o la planta de marihuana con el objeto de producir estupefacientes en contra de lo dispuesto en la convención de 1961 y en la convención de 1961 enmendada».

Como consecuencia de las peculiariedades surgidas con la regulación vernácula de las diferentes conductas previstas en las citadas convenciones se pergeña el cultivo en el Código Penal, en esencia, como una actividad medial que sólo alcanza relevancia jurídica, en dicho orden, en la medida en que su práctica tiene como finalidad la producción de la droga, lo que conectado a las formas de hacer descritas en el precepto: «promover, favorecer o facilitar» ha acabado por amalgamar, dentro de las formas de participación, la cooperación necesaria con la simple complicidad, oscureciendo la comprensión del análisis entitativo de las posibles conductas, cuando lo penalmente acertado, hubiera sido posibilitar normativamente la construcción de las diversas modalidades participativas, con la ventaja añadida de poderse asignar ope legis una pena proporcionalmente más adecuada a cada uno de los distintos implicados en la cadena constitutiva del tráfico, según la importancia de su intervención. Carencia que ha tenido que ser suplida por la jurisprudencia del Tribunal Supremo, que en determinados supuestos se ha visto obligada a admitir formas menos graves de participación y grados de ejecución imperfectos, en principio de difícil ensamblaje en el tipo penal, dada la querencia natural, puesta de manifiesto por su absorbente redacción, hacia la figuras más severamente sancionadas.

Las expresadas divergencias en el tratamiento jurídico del cultivo, como actividad proscrita fuera de los cauces reglamentarios no tiene, sin embargo, por qué afectar necesariamente al problema planteado, en la medida en que tanto si el cultivo de la semilla de marihuana se considera como una modalidad sustantiva o una variedad de acto de tráfico ilícito, la venta de semillas como acto preparatorio del cultivo con sustantividad propia (tráfico de precursores del art. 371 CP), como acto de preejecución (verificado a través de alguna de las formas de participación anticipada recogidas en el art. 373 CP); o como acto de ejecución [acometidos dentro del marco del art. 28.b) CP con la cooperación necesaria del vendedor respecto a la actividad típica, recogida en el art. 368, desplegada por el cultivador], y en consecuencia, como modalidades punibles seguirá constituyendo el busilis de aquél.

V. LA VENTA DE SEMILLAS DE marihuana, ASI COMO DE MATERIALES Y UTILES PARA SU CULTIVO, COMO ACTO PREPARATORIO PARA SU EJECUCION (ART. 371 CP)

Se contemplan en este precepto modalidades concretas de actos de preejecución catalogadas como actos preparatorios propiamente dichos, con entidad y sustantividad delictiva autónoma y que con apoyo normativo, entre otras disposiciones, en nuestro Derecho interno, en la Ley Orgánica 12/1995, de 12 de diciembre, de Represión del Contrabando, se conocen con la denominación de tráfico de precursores (20).

Con la incorporación del art. 371 CP se adelantan las barreras sancionadoras con el tratamiento criminalizado de conductas que, en principio, no debían trascender de un orden puramente administrativo, pero que, sin embargo, en razón de la naturaleza de los fines perseguidos por aquéllas transmutan las irregularidades cometidas en ilícitos penales.

Sin embargo conviene destacar, desde ya, que no todas las infracciones administrativas van a posibilitar la configuración del delito de tráfico de precursores, sino sólo aquellas que además, objetivamente, integren el elemento subjetivo del injusto; lo que permite, ab initio, erradicar del círculo de relevancia penal los simples incumplimientos de la normativa reglamentaria sobre el transporte, cultivo, fabricación, distribución, etc., tales como la caducidad de licencias, la ausencia de declaración del material comercializado, etc., cuando la aludida finalidad no consiga inferirse del conjunto de circunstancias que rodean el hecho.

La Convención de Naciones Unidas contra el Tráfico ilícito de Estupefacientes y Sustancias psicotrópicas, hecha en Viena el 20 de diciembre 1988, conforma la normativa rectora fundamental en materia de precursores (21). Su contenido supone una referencia obligada en la medida que el art. 371 del Código Penal se remite, como norma en blanco, a «Los equipos materiales y sustancias enumeradas en el cuadro I y II “de la misma, al referirse al objeto del delito”» (22).

En efecto, el precepto del Código Penal citado siguiendo el mimetismo sistemático, característico de este tipo de normas sometidas a un control supranacional, sanciona en nuestro Derecho interno las conductas recogidas en el apartado c-ii) del art. 3.º de la Convención consistentes en: «la posesión de equipos o materiales o sustancias enumeradas en el cuadro I y el Cuadro II, a sabiendas de que se utilizan o se habrán de utilizar en el cultivo, la producción o la fabricación ilícitos de estupefacientes o sustancias sicotrópicas o para tales fines» después de instar, como tuvimos ocasión de ver, en el apartado a-ii del mismo precepto a los Estados a adoptar las medidas necesarias para tipificar en su normativa interna como delitos, entre otros: «El cultivo… de la planta de marihuana, con el objeto de producir estupefacientes».

Sin embargo, no obstante la referencia del art. 371 CP por un lado a los «equipos y materiales» y por otro a las «sustancias», ni en la Convención citada ni en la Ley 3/1996, 10 de enero, sobre medidas de control de sustancias químicas catalogadas susceptibles de desvío para fabricación ilícita de drogas, promulgada en desarrollo de lo dispuesto en aquélla, se encuentra ninguna disposición que aluda a los primeros, a excepción del art. 13 del Convenio de Naciones Unidas al expresar que «las partes adoptarán las medidas que consideren adecuadas para impedir el comercio y la desviación de materiales y equipos destinados a la producción y fabricación ilícita de estupefacientes y sustancias psicotrópicas y cooperarán a este fin», relacionando sin embargo en los Cuadros I y II de su Anexo, de manera clara y terminante, las sustancias y productos catalogados como precursores, entre los cuales no figura la semilla de la planta de marihuana, ni la de ninguna otra variedad vegetal; apareciendo también erradicada aquélla en el Convenio de 1961, como estupefaciente, como tuvimos ocasión de ver anteriormente, al constatar su carencia de principios activos (23).

De lo expuesto puede inferirse, salvo mejor criterio, que en la alusión que el art. 3.º.c) ii) efectúa a la utilización de los equipos y materiales, por un lado, y de las sustancias catalogadas en los Cuadros I y II, por otro, en relación de medio a fin respecto al cultivo, la producción y la fabricación ilícita de estupefacientes o sustancias sicotrópicas, solamente los primeros (los equipos y materiales) pueden vincularse con el cultivo, sin perjuicio de que también puedan afectarse a las actividades de producción y fabricación, mientras que las segundas (las sustancias catalogadas) necesaria, y únicamente, deben supeditarse a esta segunda alternativa (24).

Es obvio que mientras las sustancias constituyen en sí la razón primera de punición de las conductas al recaer sobre los precursores propiamente dichos, los equipos y materiales que también integran el objeto material del delito hacen alusión a las herramientas con las cuales se puede cultivar, producir o fabricar drogas tóxicas y estupefacientes.

Llegados a este punto cabría cuestionarse si los múltiples y variados utensilios, dispensados por las grows shops y utilizados en la actualidad para la producción de planta de marihuana por medio de los denominados cultivos de terraza o balcón al aire libre, hidropónicos, por clonación de esquejes etc., tales como: sustratos (arlita, compost orgánico, de coco…) abonos y aditivos para su desarrollo (humus de lombriz, nutrientes hidropónicos de alto rendimiento, hormonas liquidas de enraizamiento y complejos radiculares, bioestimuladores enzimáticos…), tratamiento y fumigación (insecticidas, fungicidas, acaricidas…) controladores, medidores, lámparas y baterías de iluminación, climatizadores, estufas, sistemas de riego, equipos de higrometría y ventilación, etc. para su cultivo de interior, con sus servicios complementarios, literatura e instrucciones técnicas para su puesta en marcha, podrían catalogarse como equipos y materiales destinados al «cultivo, la producción o fabricación ilícitos de estupefacientes» conforme a lo exigido en el apartado iv del art. 3.º antes citado.

En principio –y descartadas otras finalidades libres de sospecha, como las encaminadas a satisfacer el cultivo de productos agrícolas autorizados–, la destinación del mismo, a la producción o fabricación ilícitas de estupefacientes podría conducir a la conclusión equivocada de que cualquier actividad de las descritas en el art. 371 realizada sin la debida autorización pudiera quedar incardinada en el ámbito del precepto (25). Sin embargo, el carácter condicionado del mismo al supeditarse las conductas en él relacionadas a las actividades descritas en el tipo básico del art. 368, como constitutivas de delitos contra la salud pública, elimina de iure cualquier posibilidad de sancionar penalmente aquellos comportamientos en los que la utilización de cualquiera de las herramientas o productos citados se destine a la producción de especímenes fiscalizados, que en razón de su cantidad y calidad no comporten la necesaria inferencia de su destino al tráfico. Debiendo, en consecuencia, quedar erradicada del art. 371 cualquier actividad de cooperación instrumental, a través de los medios expuestos enfocada hacia el cultivo de la planta de marihuana destinada al consumo personal o a cualquiera de las modalidades exentas de punición, conforme a la pacífica jurisprudencia emanada al respecto.

VI. LA VENTA DE SEMILLAS DE marihuana, COMO ACTO DE PREEJECUCION EN RELACION CON SU CULTIVO (ART. 373 CP)

Recogidas en los arts. 17.3 y 18 del Código Penal la proposición, conspiración y la provocación para cometer el delito, como formas de resolución manifestada ingresan en su art. 373 con autonomía y entidad delictiva sustantiva cuando tienen por objeto la comisión de delitos relacionados con el tráfico de drogas (26).Situados, estos supuestos, a medio camino entre la fase interna de la gestación intelectual del delito y los actos preparatorios, a las dificultades de su catalogación doctrinal –ya que más que actos preparatorios de la ejecución, nos encontramos ante la presencia de verdaderas formas de participación anticipada– hay que añadir las derivadas de su campo de aplicación, caracterizado cuando se trata de delitos de peligro abstracto, por la ruptura y quiebra de la tradicional manera de entender las formas imperfectas de ejecución y los modos tradicionales de aparición de aquéllos.

La Jurisprudencia, constante y reiterada, emanada de la Sala Segunda del Tribunal Supremo ha venido considerando, en efecto, a estos delitos como fieles exponentes de figuras de riesgo o peligro inconcreto, que se perfeccionan con la ejecución de cualquiera de las conductas específicas recogidas en el art. 368 CP, sin necesidad de producción de resultados lesivos en particular, al determinarlo así los verbos nucleares recogidos en dicho artículo, y sin que sea necesaria, siquiera, la transmisión del producto tóxico para lograr su plena consumación. Delitos de peligro abstracto y comunitario, de resultado cortado, formal y de mera actividad, que se ejecutan con la objetivación de la simple amenaza o riesgo que potencialmente suponen para la colectividad en general, con independencia de que material y sustancialmente se haya, o no, culminado dinámicamente cualquiera de las actividades ilícitas que los preceptos regulan y en especial que el tipo básico contiene. Delitos, en definitiva, que se consuman con la constatación de su tráfico «potencial», situándose el tráfico «real» más allá de la necesidad de su expresión.

Si a todo lo dicho añadimos los imprecisos contornos que delimitan los modos de ejecución del delito en el art. 368 cuyo objeto sea el de promover, favorecer o facilitar el consumo ilegal de drogas, en la medida en que necesariamente tienen que ser atendidos para conformar los supuestos de provocación, conspiración y proposición, no puede pasar desapercibido el cúmulo de dificultades que la apreciación de dichas formas de actuación ofrecerá para la culminación de su construcción jurídica en supuestos como el de la venta de productos que, como la semilla de marihuana indica, ni siquiera se encuentran fiscalizados como sustancia estupefaciente ni psicotrópica.

En efecto, la provocación que recoge el art. 18 CP como instrumento para incitar a la perpetración de un delito, a través de la imprenta, la radiodifusión o cualquier otro medio de eficacia semejante que facilite su publicidad, además de no cumplir losLEY3 condicionamientos normativos como apología respecto al consumo de drogas, carece técnicamente en el caso debatido del menor sentido su posibilidad de aplicación, en la medida en que precisamente el consumo ilegal de drogas no es delictivo, constituyendo, en cualquier caso, conforme a las reglas de la lógica, una aporía: la posibilidad de estimarse como delito la provocación a través de la publicidad, con el fin, a su vez, de promover, favorecer o facilitar el consumo ilegal de aquéllas (27).

De igual manera las modalidades participativas de la conspiración y la proposición, reguladas en el art. 17 CP (28) tampoco resultan de aplicación a los supuestos de venta de semillas a terceros para el cultivo, en razón de que la primera comporta un concierto entre dos o más personas para la ejecución de un delito a ejecutar con posterioridad por ambos y la segunda una actitud resolutiva de quien habiendo resuelto cometer un delito invita a otro a ejecutarlo, mientras que en el supuesto comentado al adquirente de la droga en potencia, en modo alguno se le puede considerar integrado en las estructuras formales expresadas, en la medida en que el destino para su consumo del potencial estupefaciente excluye su participación en las modalidades de comisión del delito aludidas; pudiendo únicamente incurrir en responsabilidad penal, junto con el expendedor de las semillas, en los supuestos en los que por la cantidad de producto adquirido pudiera inferirse racionalmente su destinación al tráfico. Inferencia cuya corrección habrá de deducirse necesariamente de los datos circunstantes objetivamente constatados en el supuesto concreto, de conformidad con las directrices facilitadas por la misma Convención de 1988, que tras describir en su art. 3.º.1 las conductas intencionales susceptibles de sanción, concluye en su apartado 3 expresando que: «El conocimiento, la intención o la finalidad requeridos como elemento de cualquiera de los delitos enunciados en el párrafo 1 del presente articulo podrán inferirse de las circunstancias objetivas del caso».

o VII. LA VENTA DE SEMILLA DE marihuana, COMO ACTO DE EJECUCIÓN, DENTRO DE LA MODALIDAD PARTICIPATIVA DE LA COOPERACIÓN NECESARIA (ARTS. 28 B Y 368 CP)

Para ubicar adecuadamente la actividad llevada a cabo por parte del expendedor de semillas de marihuana frente al adquirente de las mismas, resulta imprescindible acotar previamente la dinámica desplegada en el tipo básico del art. 368 CP, concretada: a la ejecución de actos de cultivo, elaboración o tráfico de drogas tóxicas, estupefacientes y sustancias psicotrópicas, así como la de cualquier otro que tenga por objeto promover, favorecer o facilitar su consumo ilegal.

La cooperación necesaria como modalidad de autoría se caracteriza por la ejecución del núcleo del tipo penal, distanciándose de ella quienes llevan a cabo conductas periféricas alejadas del mismo. En dicha cooperación lo decisivo es su eficacia, su necesidad y trascendencia definitiva en el resultado finalístico de la acción; siendo preciso para su estimación la concurrencia de unos criterios subjetivos, objetivos y normativos: constituidos los primeros por el acuerdo previo y la planificación del hecho delictivo; los objetivos por las actividades aportadas a la ejecución; y los normativos por la vinculación de las conductas con los requisitos del tipo básico.

Como forma de intervención, la cooperación necesaria supone un comportamiento participativo en un hecho delictivo sin el cual ni aquélla ni éste podrían surgir; una contribución al hecho criminal con actos sin los cuales éste no podría desplegarse, diferenciándose de la autoría material en que el cooperador necesario no ejecuta el hecho típico, desarrollando únicamente una actividad adyacente y distinta, aunque íntimamente relacionada con la del coautor ejecutivo, de tal manera que esta actividad resulta imprescindible para la consumación de sus propósitos delictivos. Como también ocurre con la complicidad, de la que únicamente le separa la trascendencia para la comisión del hecho punible de su aportación, dicha cooperación sólo puede entenderse vinculada a la existencia de una infracción penal. Por lo que si ésta no existe, por no ser el hecho de ejecutado constitutivo de delito, no puede concebirse como forma de participación (SSTS 6 de junio de 1992, 16 y 23 de diciembre de febrero de 1993, 26 de octubre de 1994, 19 de mayo de 1995, 23 de mayo y 6 de noviembre de 1996, entre otras muchas).

Con estos precedentes, no resulta difícil imaginarse la imposibilidad de apreciar como infracción punible la cooperación material e incuestionable, desde un punto de vista objetivo, del expendedor de semillas de marihuana como comportamiento favorecedor del consumo de la planta, en la medida en que esta última actividad no posee entidad delictiva. En este orden el art. 25 de la Ley Orgánica 1/1992, 21 de febrero, sobre Protección de la Seguridad Ciudadana, y únicamente, por razones de política urbana, sanciona administrativamente el consumo de drogas en lugares, vías, establecimientos o transportes públicos, careciendo el mismo de cualquier relevancia penal.

De lo dicho, debe concluirse con la determinación de que únicamente cuando el vendedor de semillas de marihuana se concierta con el adquirente, o asume la determinación de éste de destinar aquéllas a un cultivo preordenado a su tráfago, podría incurrir en responsabilidad penal como coautor en la comisión de un delito contra la salud pública del art. 368 CP en su modalidad de drogas que no causan grave daño a la salud pública, quedando erradicados del mismo los demás comportamientos instrumentales facilitadores del consumo de la planta.

o VIII. LA PUBLICIDAD DE LA VENTA DE SEMILLAS DE marihuana, ASI COMO DE LOS MATERIALES Y UTILES PARA SU CULTIVO, COMO ACTOS DE PROMOCION DEL CONSUMO DE DROGAS (ART. 368 CP)

Se plantea por último la espinosa cuestión de si dentro de la expresión residual «o de otro modo» contenida en el art. 368 CP, o de alguna de las modalidades dinámicas descritas en el precepto cabría integrar las conductas relativas al fomento del consumo ilegal de la planta de marihuana sativa, verificadas a través de la propaganda o publicidad (páginas web, mailings, revistas especializadas…) difundida no sólo por las grows-shops, smart-shops y smart-drugs y comercios del ramo, sino también dispensada por quioscos y establecimientos dedicados a la venta de publicaciones en general.

Con la expresión «o de otro modo» se vino a completar en el art. 344 CPA el cuadro de actividades punibles relacionadas en dicho precepto. La Ley Orgánica 1/1988, de 24 de marzo, que se caracterizó por un incremento notable de la represión, fue la que introdujo esta modalidad abierta añadida al abanico de comportamientos hasta entonces recogidos. Así, de una enumeración cerrada en relación con las conductas típicas reiteradamente descritas (promover, favorecer o facilitar el consumo ilegal de drogas mediante actos de cultivo, fabricación o tráfico, o posesión con dicho fin) se pasó a dicha formulación abstracta, castigándose no sólo a quienes llevasen a cabo aquella clase concreta de actos sino además a los que de cualquier otra forma promovieren, favorecieren o facilitaren dicho consumo. La expresión aludida, que había sido introducida por la reforma de 1971 en el anterior código fue suprimida por la del año 1983, reingresando de nuevo a él, en la fecha indicada, para terminar compartiendo la amplitud de su criterio el Código Penal actual en su art. 368.

En cualquier caso, la utilización de una propuesta de conducta general, menos comprometida con las formas de acción, condicionada al fin concreto atentatorio del bien jurídico protegido de que con ella se promoviese, favoreciese o facilitase el consumo de drogas, hubiera servido para salvaguardar igualmente los principios de seguridad y legalidad y hasta hubiera resultado más apropiada para la solución de problemas como los planteados, El legislador, sin embargo, intentando compatibilizar ambas formulaciones, ha descrito las conductas básicas de cultivo y elaboración –coincidentes con los procesos naturales y químicos empleados en la producción y fabricación de la droga– completando dichas labores con las relativas a su tráfico, que abarca en sentido amplio las operaciones de asiento, distribución y colocación del producto obtenido en el ilegal mercado en el que se difunde, para terminar concluyendo su descripción con la socorrida formulación comentada, de la que deben excluirse, en principio y solamente –en razón de la doctrina jurisprudencial que aplica e interpreta la norma– las operaciones de aquel tenor que tengan como objetivo el autoconsumo, el consumo compartido o la entrega de pequeñas cantidades a familiares o allegados en determinados supuestos (SSTS de 30 de septiembre de 1974, 25 de mayo de 1985, de 12 de julio de 1984, 12 y 27 de enero de 1995, entre otras más recientes), a las que podrían añadirse también otras, como –ad exemplum– las que persigan finalidades impunes, como las científicas, de estudio o colección, siempre que resultaren objetivamente acreditadas.

El art. 18.1 de la Ley 17/1967, de 8 de abril, dictada en adaptación de la normativa vigente sobre estupefacientes a lo dispuesto en Convenio Unico de 1961 establece que «se consideran prohibidos cualquier género de propaganda, la formulación de ofertas en general u ofertas de venta y la remisión de muestras de estupefacientes incluidos en la lista I y de aquellos otros que acuerde el Servicio (29), salvo que se efectúen con la debida autorización de intervención del mismo», y entre los cuales se encuentra la marihuana y su resina.

El art. 368 CP no recoge, empero, de manera expresa los actos de propaganda, a menos que no se entiendan incluidos en la acción nuclear de promover el consumo ilegal de drogas tóxicas, en la medida en que carecería de sentido integrarlos dentro de la expresada fórmula «o de otro modo» para de nuevo a volver a reiterar la proscripción de su promoción con el verbo mencionado; entre otras razones porque dicha modalidad abierta de ejecución junto a las restantes formas instrumentales específicamente descritas de cultivo, elaboración o tráfico conforman plásticamente la expresión física de las conductas principales de promover, favorecer y facilitar el consumo ilegal de drogas sancionadas en el precepto (30). Siendo aquí evidentemente, donde radica la auténtica dificultad para ubicar la publicidad del cultivo de la semilla del marihuana como conducta promotora del consumo de drogas en el Código Penal, sin menoscabo del principio poenalia sunt restringenda, que debe presidir su aplicación.

Llegados a este punto, no puede existir duda alguna, que la publicidad escrita y gráfica, eminentemente divulgativa y de carácter paracientífico, efectuada con todo lujo de detalles en las revistas y folletos del ramo (31), acerca de la manipulación de la planta de marihuana para la obtención del hachís y su proceso de elaboración –por ejemplo– entraría de lleno, sin paliativos, en el ámbito de la acción de promoción del consumo ilegal de drogas expresada en el tipo básico del Código Penal, a través de la expresión residual analizada concretada en la comunicación de instrucciones con la referida finalidad, al hallarse el hachís (denominación vulgar de la resina del marihuana) catalogado en la Lista I como sustancia estupefaciente fiscalizada; debiendo en consecuencia hacerse lo legalmente posible por impedirla y lograr de manera expedita su erradicación.

Los actos de promoción, sin embargo, relativos al cultivo de la semilla del marihuana encontrarían difícil, por no decir imposible, acomodo en la dinámica descrita, no ya tanto porque conceptualmente no dejaran de ser un mecanismo de promoción y propagación del consumo de estupefacientes, sino precisamente porque aquélla no se encuentra específicamente prevista como objeto del delito, y consecuentemente, la propaganda de su cultivo, a menos que no se acreditase la preordenación al tráfico del producto a obtener, como acto, a su vez, de promoción, favorecimiento o facilitación del consumo de drogas, devendría en impune, al no hallarse sancionado penalmente este último y únicamente estarlo administrativamente en las condiciones y circunstancias antes expuestas.

Como consecuencia de ello la propaganda de la venta de semillas de marihuana en cantidades para su cultivo doméstico que en principio no excedan de las racionales para su consumo y autoabastecimiento con el mismo fin (incluidas las semillas reproducidas a partir de aquéllas) (32) no podrá considerarse, en modo alguno, constitutiva de delito, al carecer de entidad penal la finalidad perseguida por aquélla; teniendo, en su caso, las autoridades administrativas la última palabra en este orden –una vez adaptada la normativa sobre programas de reducción de daños– en relación con la creación de los controles necesarios a través de los imprescindibles registros de expendedores y establecimientos autorizados, así como la facilitación a los consumidores de las cartillas de racionamiento individuales adecuadas para su dispensación, con miras a atajar, en la medida de lo posible, su abuso y desvío hacia otros fines.
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GRECIA Y LA MARIHUANA

 

El cáñamo se usaba en los ritos dionisíacos y en las liturgias de Eleulasis para revelar a los iniciados los arcanos del mito de Deméter. Los sacerdotes, que llevaban el nombre de eumólpidas (cantores de melodías benignas), se decían hijos de la luna para hacer de mediadores entre la tierra y el cielo.

La Odisea narra la llegada de Telémaco a Esparta a la corte de Menelao.
ESPARTANOS Durante el banquete ofrecido en su honor, Telémaco evoca el destino de su padre Ulises y todos los comensales cayeron en una profunda melancolía. Entonces, Helena ordena a los criados que echen nepenthés en las copas y la sonrisa vuelve a los labios de todos los que estaban allí. Este nepenthés se ha identificado con una bebida cannábica. Era una decocción de cáñamo con vino y mirra -vino resinado- para animar las reuniones privadas . Diodoro Sículo, historiador de la época de Cesar, escribe que las mujeres de Tebas preparaban mediante cáñamo una pócima que tenía el mismo efecto que el nepente de Homero. Dioscórides, (del 20 al 60 d. C.) médico griego residente en Roma, autor de la primera farmacopea basada en plantas medicinales, habla del cáñamo y de las visiones y alucinaciones placenteras que provoca, y dice que los indios ya comían sus hojas. Tanto como afrodisíaco como para estimular el apetito.

Nota: los puentes sobre el Helesponto Hola Isidro, te pongo la referencia del libro VII de Herodoto. Capítulo “Construcción de puentes sobre el Helesponto (lo que es hoy el Bósforo). Ahí está el Cáñamo implicado en el desastre al cruzar las tGRECIAropas de Jerjes. Uno de los cabos para enfilar las barcazas para hacer de puente era de “esparto” pero en otra traducción encontré de Cáñamo, en una de Valerio Máximo que es un filólogo experto en griego. Además creo que es lo mismo si no me equivoco

 

LA MARIHUANA EN…

INDIA

 
La religión védi ca arcaica veneró la planta denominándola “fuente de felicidad y de vida”; las tradiciones brahmánicas posteriores consideran que su uso agiliza la mente, otorga salud y concede valor, así como potencial sexual.
Desde el siglo XV a. C. Se celebra y conoce el cáñamo en diversas preparaciones. A base de cáñamo era la amrita, bebida de la inmortalidad que en la mitología hindœ corresponde grosso modo a la ambrosía de los olímpicos. Antiguas fuentes sánscritas hablan de las píldoras de la felicidad, un compuesto a partir de cáñamo y azúcar.
El cáñamo, denominado charas o bhang, tiene tal importancia que en algunas zonas de la India se utiliza como medio de intercambio, con las mismas funciones que la moneda. El cannabis era utilizado de tres formas diferentes: con agua (poust), con alcohol (loutki) y con opio (mourra).
La más completa información sobre el cáñamo en la India se encuentra en un informe oficial efectuado entre los años 1893-94 (“Indian Hemp Drugs Comission Report”) es el Informe de la Subdivisión de la Comisión de Narcóticos dedicada al estudio del Cáñamo Indico, donde los sujetos estudiados eran consumidores de bhang.
La planta se llama vijonia (fuente de felicidad y victoria) y ananda (fuente de vida). Es mencionada en los primeros vedas y sobre todo en el cuarto o Atharva Veda. Sus preparaciones líquidas son la bebida favorita de Indra, el dios guerrero que representa a los invasores arios. Segœn las tradiciones védicas el cáñamo brotó cuando cayeron del cielo gotas de ambrosía (amrta). Para la tradición brahmánica ortodoxa su uso agiliza la mente, otorga salud y larga vida, concede deleite, valor y deseos sexuales potenciados.
Se toma para aliviar la fiebre, insomnio, disentería, lepra, caspa, jaquecas, tosferina, oftalmia (y otros males en los ojos). En sánscrito se denomina sana (kana en griego) y bhang (“transformar la rutina sensorial”).
El dios Shiva trajo el cannabis desde el Himalaya para que los hombres tuvieran felicidad y conocimiento. Los sacerdotes Sardu viajaban a través de la India y del mundo entero compartiendo pipas de fumar llenas de cannabis (chilum). En el Bhagavad- gita, Krishna dice “Yo soy la hierba que cura” (capítulo 9:16), mientras que en el Canto Quinto del Bhagarat-purana el hachís es descrito en términos explícitamente sexuales.
Con la difusión del budismo se vio como un auxiliar para la meditación trascendental. El cannabis ha sido utilizado para los rituales religiosos. El cannabis se considera como la más sagrada de las plantas. Muchas tradiciones, escritos y creencias budistas indican que el mismo Siddhartha, Buda, antes de anunciar las cuatro verdades nobles, estuvo durante seis años utilizando y comiendo œnicamente cáñamo y sus semillas . Algunos budistas tibetanos y los lamas consideran al cannabis como la planta más sagrada.
Nota: “Especialmente famoso fue el uso de cannabis por parte de Gobind Singh, fundador de la religión Sij. Sus soldados se intoxicaron con bhang y opio, y se colocaron tanto que se enfrentabron a los elefantes y consiguieron derrotar a un enemigo superior en nœmero. Los aniversarios de la victoria se celebran con bhang”.